En esa larga etapa, a partir de lo que habitualmente se ha llamado “agricultura tradicional”, se producen en Fuenlabrada importantes transformaciones que afectan a la modernización de las labores agrarias de sus secanos y, sobre todo, al aumento del regadío, en unos años en los que, en aparente paradoja, coexisten los primeros avances de la urbanización del municipio y los mejores años de la agricultura hortícola.
Aunque ha pasado ya bastante tiempo, está viva aún la memoria de los agricultores y las agricultoras de Fuenlabrada. Junto al tratamiento de determinada información estadística y cartográfica, el método que seguimos en este relato contemporáneo de la agricultura y el paisaje agrario es el de sus protagonistas, el de los hombres y mujeres que han trabajado las huertas y los secanos, que rememoran sus propios quehaceres, los de sus padres y abuelos, y que mantienen vivo un patrimonio y un paisaje agrario como bien colectivo a las puertas de la ciudad.
Hemos querido que sean ellos quienes recreen su historia y se reconozcan en un lugar que para los de fuera es un paisaje atractivo y para ellos, ante todo, un espacio de duro trabajo, pero también, de recuerdos y encuentros festivos. Este procedimiento obvia en parte el método histórico de consulta y tratamiento de la abundante información del Archivo Municipal, pero contribuye, a partir del relato compartido de vivencias y recuerdos, al proceso de patrimonialización, impulsado por el Parque Agrario en los últimos años, en torno al paisaje de la huerta como punto de encuentro entre agricultores, residentes y consumidores urbanos, y alimentación de calidad y proximidad.

Trillando en la era. Fuente: Mª Angeles de la Vieja Escolar. Trabajando en las eras en 1949. Churrichi, Quintin, Celestino y Saturnino, separaban el grano.
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